Pensamientos aleatorios

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sábado, 3 de agosto de 2024

Sin luz al final del tunel


Llevaba mucho rato sintiendo que había aprendido a vivir con depresión y ansiedad; la ansiedad sigue siendo tolerable para mi, pero la depresión ha estado haciendo mella en mi espíritu hasta tal grado que estoy totalmente convencido que soy un estórbo para quienes me rodean, para mi Dios y para mi mismo. 
Por mucho tiempo he sobrevivido asumiendo que todos los pensamientos negativos eran consecuencias de la misma depresión, así que podía seguir existiendo porque todo era producto de mi imaginación; pero evadir esos pensamientos es muy extenuante, a cada rato haciendo un enorme esfuerzo para tratar de reir y, como es característico de los venezolanos, sacar algo de buen humor de las circunstancias que me toca vivir; por supuesto aprendí a usar esta actitud como una herramienta que me resultó útil.
Pero ya esta estrategia no me está resultando y no me he esforzado por buscar ayuda, ni siquiera leer más sobre el tema, simplemente me siento muy cansado y cuando hago algún intento de autoayuna me distraigo y me da pereza... hasta me duermo tratando de entretenerme viendo algún vídeo, jugando en la PC o escuchándo música.
Si reconozco que tenía muchas ganas de escribir al respecto y plasmar los pensamientos que han estado dando vueltas en mi mente, las enumero a continuación sin un orden en especial:
  • ¿Qué excusa o razón usar para que los demás entiendan y acepten por qué me doy por vencido? Siento que no quiero estar disponible por una temporada, no se si corta o larga, pero va a ser difícil lograr que  los que me rodean no intenten sacarme de este sentimiento o hueco emocional. Seguro va a ser inevitable que me extrañen o necesiten algo de mi, además que seguramente tendrá otras consecuencias.
  • ¿Cómo dejar todos mis asuntos al día? Hay cuentas que pagar, hay clientes que necesitan mis servicios, tengo seres queridos (familia, amigos, compañera de vida) que confían en mi existencia en su vida, porque hay beneficio mútuo y esas relaciones son un aspecto natural, positivo y normal en el día a día de las personas. Todos tenemos seres quienes son nuestro apoyo emocional con sus interacciones, con su presencia, con su disponibilidad, con su carácter oportuno.
  • ¿Y mi Dios? Bueno, si Él es cómo he aprendido que es, seguramente comprende que uno puede llegar a estar tan cansado que ni se tienen las energías ni las ganas de pedirle fuerzas para seguir adelante, porque uno no quiere seguir adelante.
Una reflexión adicional que me urge expresar, porque ha sido inevitable haber llegado a la siguiente conclusión con respecto a algunos que toman una decisión definitiva:
El momento más féliz de su vida, es cuando llega el día y hora de terminar con todo.
Ya que significa dejar de exprimentar tanto dolor, tanta desesperanza, tanto sentimiento de inutilidad.
Por supuesto, este artículo no es una despedida, solo es algo que quería expresar, algo que es útil y de gran desahogo para quienes tenemos una depresión severa.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Si estás deprimido, ve esto... si no, también


Esto de la depresión tiene mucha tela; es fascinante por un lado, ya que puede llegar a estudiarse, entenderse en toda su dimensión y tratarse; pero, por otro lado es frustrante, porque el concepto está rodeado de mitos y tabúes que afectan el punto de vista tanto del que la sufre como también el punto de vista del que rodea al deprimido, provocando un desacertado trato o esfuerzo para contrarrestarla. Esta serie de vídeos, realizados por un joven español, dan una perspectiva exacta de este mal, esta enfermedad mental, que yo prefiero llamar “enfermedad emocional”.
Pido disculpas de antemano, ya que en el español europeo hay palabras y expresión de uso cotidiano, que para quienes vivimos en latinoamerica resultan ser palabrotas y no quiero que lector alguno de este blog se sienta ofendido.

Palabras de apertura para quienes nos sentimos deprimidos



Conceptos que nos ayudan a entender la depresión tal y cómo es, derrumbando mitos absurdos



Para quienes conocen a alguien con depresión

miércoles, 18 de mayo de 2016

La otra amiga tóxica: la ansiedad

Pues bien, ha llegado el momento de describir a mi ansiedad. Pero primero debo decir que aunque los síntomas y sentimientos que hay detrás de la depresión y ansiedad son similares, pienso que cada uno sufre de estos males a su manera, cada quien los asume a su manera; así que la depresión es personalizada y la ansiedad es personalizada.


Mi ansiedad puede comenzar sin previo aviso; aunque hay días desde que despierto que ya sé va a ser un mal día. Como hay días que todo parece normal y algún evento pequeño la dispara sin compasión; de modo que sé que mi paz interior es frágil y hasta la más leve briza la derrumba, como si estuviera haciendo equilibrio sobre el filo de un cuchillo filoso.
¿Cómo describir a mi ansiedad? Es estar pisando un charco con medias puestas.
Donde una conversación es un ruido molesto, una comida te sabe a algo que te puede enfermar, una pregunta se convierte en una acusación, el saludo de quien no has visto hace tiempo es el preámbulo de alguien que te quiere pedir un favor, un proyecto es un esfuerzo inútil que no te lleva a una meta, es solo pensar en lo desagradable que es estar pisando ese charco con medias puestas.
En los episodios de ansiedad siento un inmenso temor a todo lo que me rodea, un temor sin rostro, sin nombre, sin alguien persiguiéndome, una gran necesidad de lanzar un grito de miedo, de acelerar mi respiración porque me falta el aire a ratos; es ver las señales de una tormenta que quizás nunca llegue, pero temo que llegue.
La ansiedad entonces me aterra, me bloquea y me aleja de cualquier cambio que para bien o para mal la naturaleza misma de la vida debe llevar a cabo.

¿Cómo enfrento a mi ansiedad?

Es imposible enfrentarla, solo aparece y se va burlándose de mi. Aunque reconozco que hacer ejercicios de respiración ayudan un poco a pasar el rato.

¿Qué es lo peor de mi ansiedad?

Lo peor quizás sea no poder exteriorizar cómo estoy, significaría preocupar a quienes me rodean, una preocupación que se traduce en la reiterada pregunta: “¿cómo te sientes hoy?”. Esa pregunta es uno de los gatillos que disparan mi ansiedad (uno de los pocos que reconozco a tiempo). Es que puedo sentirme bien en ese momento, pero segundos después ya no, entonces la pregunta no tiene sentido; además, la pregunta suena a: “Ya que ahora que te sientes bien, seguro ya no te va a pasar más”. ¡Qué inocentes son algunas personas.

sábado, 2 de enero de 2016

Entre frustraciones e incomodidades

Estoy de viaje, lo que significa que debo enfrentar una serie de incomodidades que comienzan por el traslado desde donde vivo actualmente hasta la ciudad donde viví muchos años de mi adolescencia y parte de mi vida adulta. Básicamente para mi estar de viaje es viajar sólo a 2 lugares, 2 hogares cuyas condiciones de habitabilidad son difíciles de igualar, son camas distintas, espacios distintos para maniobrar mi silla de ruedas, los servicios básicos difieren; por un tiempo estas diferencias pasaron de ser un completo fastidio a ir transformándose poco a poco en condiciones suficientemente soportables, aprendí a adaptarme y ha llegado a ser lo suficientemente cómodo estar en una u otra ciudad.
Por otra parte, viajar transtorna mis actividades, significa posponer o cancelar planes y metas, ¿frustrante? A mi si me frustra, no tengo la habilidad de tener un plan B para cada proyecto a emprender (de los pocos que de vez en cuando me provocan). Tamaña excusa para no querer hacer algo en la vida.
Es común que el cambio de ubicación venga acompañado con secuelas en mi salud. A veces es sólo un resfriado (soportable) o algún malestar estomacal durante muchos días (dame paciencia mi Señor). Otras, como me ha estado ocurriendo durante ya varios días, me expongo a algún brote de una enfermedad exótica. Una vez fue Chikungunya, actualmente es Zika, menudo imán de andar viajando coincidentemente con el brote en el ambiente de la ciudad de destino.
Ahora a sumar otras variables (que para mi son constantes, por la ley de Murphy supongo). Noches como la de hoy es frecuente que mi hermano esté de guardia en su trabajo, mi mamá se sienta mal de salud y los demás que viven en esta casa hayan decidido irse a la cama temprano sin aviso... Me toca, una vez más, dormir sentado en mi silla. No, no es mala suerte (no creó en eso); son los gajes del oficio de tener una discapacidad. No haber cenado, otra vez. Tener que aguantar las ganas de ir al baño, otra vez. Cancelar cualquier actividad del día siguiente, otra vez... Varios "otra vez" juntos, no en fasciculos coleccionables, todos juntos en una misma edición.
¿Frustrante? Si, claro. ¿Incómodo? Definitivamente.
No tengo ni siquiera un plan A para estos casos... Seguramente me tocará volver a viajar cuando lo tenga casi resuelto.
Lo siento... Esta vez no tengo alguna reflexión final.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Bajón y negaciones nuevas

Gruta de Son Doong, Vietnam

Sospecho que mi depresión se oculta frecuentemente en otros síntomas, solo para fastidiarme. Tengo un resfriado y, como todo resfriado, presenta sus síntomas de manera tal que mi incomodidad hacia todo lo que me rodea se dispara. No obstante, me siento confundido. Ya días antes del resfriado, venía notando un aumento de mal humor e intolerancia hacia por los más mínimos eventos. Así que este bajón no se si achacárselo a mi depresión o al resfriado.
Siempre tengo una lucha interna cuando se me presenta alguna caída emocional, hago una investigación a la inversa de todos los eventos antes de mis recaídas y quiero darles un origen distinto a mi depresión; yo termino suponiendo que son negaciones usadas como mecanismo de autodefensa o un ejercicio inútil para tratar de huir de ella.
Lo cierto, que lo primero que me viene en mente (dejando a un lado lo del resfriado), es una cantidad de temas que no quiero tratar. Recuerdo de asuntos que aunque pudiera explicar, dudo que pueda dar entender cómo me pudieran llegar a afectar.
Bueno lo intentaré con un asunto: la muerte de mi papá. Después de varios meses enfermo de cáncer, en sus últimos días vi que era un hombre consciente pero débil (yo suponía que se debía a la radioterapia, tenía la certeza que mejoraría un poco), pero en cuestión de horas no despertó más , durante esas horas finales no me acerqué al lugar donde estaba siendo atendido en la casa por mi silla de ruedas, sería un estorbo andar por ahí cerca, así que mientras mi familia decidía todo lo que se iba a ser no tuve más remedio que tratar de despejar la mente en cualquier actividad, cuidándome que no fuera algo que hiciera que recordara esos últimos momentos cada vez que se repitiera la misma actividad; me puse a ver televisión, pero haciendo zapping para que ninguna programación fuese el swiche que a futuro conectara esos recuerdos; efectivamente hoy día no tengo idea alguna de qué programa estaban pasando, yo solo hacía zapping sin quedarme viendo algo en específico; si recuerdo el momento en que mi papá comenzó a rechazar toda ayuda que mi familia le estaba brindando (en su último esfuerzo, a pesar de estar dormido, rechazó que le siguieran extrayendo líquido de los pulmones con unos tubos que le entraban por la nariz e iban conectados a un aparato que se encargaba de hacer la succión). Si, fue impactante ver a mi papá en su aparente inconsciencia aceptando lo inevitable; mi mamá trataba de convencerlo, una de mis hermanas trataba de convencerlo, mi hermano trataba de convencerlo; yo no pronuncié palabra alguna, ni me acerqué, porque sabía, sin que nadie me explicara, que él no despertaría más.
En un último intento decidieron llevarlo a un centro médico; supongo que por lo inútil que me sentía no me di cuenta sobre la intensión de una de mis hermanas al darme una pastilla, un calmante... sé que escuché que era un calmante, pero yo estaba bloqueado, solo me dijo tómate esto; luego todo fue para mi como la filmación de Zapruder; así que vi cuando lo pasaron a la camilla, vi cuando lo llevaron hasta la puerta de la casa y desapareció; no vi cuando lo montaron en la ambulancia, ni cómo le fue en el traslado, ni cómo llegó a la clínica; no vi qué otros intentos se hicieron para ayudarlo, tampoco vi cuándo dejó de respirar; sin poder dormir, muy tarde en la noche me llaman para que mi papá me echara la bendición y luego temprano a la mañana siguiente me llaman para informarme que había muerto.
Pude verlo en la urna a duras penas, yo en mi silla de ruedas quedaba muy bajo y apenas alcanzaba a ver; qué impotente me sentí, todos podía mirar por mucho rato y yo solo un instante tratando de grabarme su rostro. Luego para el funeral, por circunstancias adversas para mi, no pude asistir.

¿Cómo me ha afectado?

En ningún momento lloré ni me sentí demasiado triste, con el tiempo supe que la fulana pastilla era para eso, para que yo no me sintiera tan mal; pero eso estuvo mal, yo no he llorado a mi papá como es debido. Pienso en eso con mucha frecuencia y es un recuerdo recurrente.
La gente no debe suprimir el dolor cuando es necesario expresar dolor. Definitivamente este suceso es de las primeras cosas que me vienen a la mente cuando recaigo en mi depresión. Repasar con mucho detalle todo lo que pasó ese día, la impotencia de no poder estar a su lado esas últimas horas; tener que esperar la noticia de su muerte; no poder verlo en su lecho de muerte; no haberlo podido llorar. Qué impotencia de verdad, qué impotencia...

sábado, 5 de diciembre de 2015

Sepanlo bien retrotontos, yo odio a Maickel Melamed

Por el amor de Dios, no actúes como si supieras más de la enfermedad que la persona con discapacidad / Imagen tomada de pixabay

Maickel Melamed es una persona que tiene algo llamado “retraso motor”, una condición física que dificulta sus movimientos. A pesar de ello, es una persona que se ha preparado profesionalmente y ha participado en eventos que requieren un enorme esfuerzo físico. Según su página web, ha practicado deportes extremos como el parapente, paracaidismo, buceo, montañismo y ahora el atletismo. ¡Todo un individuo muy singular!
Pero lo odio... no como persona, ni por sus logros académicos, ni deportivos; es admirable que tenga el deseo y la capacidad para emprender los proyectos que se propone. Antes de explicar ese odio que siento, debo argumentar algo primero.
A todas las personas con discapacidad se nos agrupa de distintas formas, así que en resumidas cuentas somos o sordos, o ciegos, o tenemos movilidad limitada y términos así. Total que muchas personas sin discapacidad (no me vengan con el pensamiento de: “todos tenemos algunas discapacidad, unos más que otros”; pues no, no todos tienen discapacidad, es solo la excusa de quienes tienen la idea en la cabeza de que si no han logrado algo que una persona con discapacidad sí hace es porque son discapacitados, desde mi punto de vista solo se valen de una excusa para no hacer lo que sus capacidades sí les permite hacer); repito, muchas personas sin discapacidad tienden a considerar que todos los que tienen una discapacidad (que fastidio tener que escribir los términos exactos, para que este escrito sea “políticamente correcto”)... todos los que tienen una discapacidad, están dentro de un mismo paquete; pero no es así; por ejemplo, los sordomudos, ellos tienen esa discapacidad y perciben el mundo de una manera muy distinta a los que no son sordos ni mudos; claro, se adaptan bien, pero dentro de su entornos las cosas las tratan y resuelven de una forma distinta; no me voy a extender en explicar a profundidad cómo es el universo de lo sordomudos, es solo dar una idea de cómo viven su vida.
Aun cuando la mayoría de las personas pueda entender que cada tipo de discapacidad es distinta, lo que muchos pasan por alto es que dentro de cada grupo también existen diferencias significativas en cada uno de los individuos de ese grupo; sus capacidades, metas y logros son muy personales y únicos; y aquí es donde entra el tema de mi odio hacia Maickel Melamed.
A ver, que una persona sin discapacidad vea a Maickel Melamed como una persona admirable, un ejemplo a seguir y todo un personaje que le da el empujón emocional que necesita para seguir adelante, porque “si lo hace él que está así, entonces yo lo puedo hacer”. ¡Bravo, persona sin discapacidad! Acabas de tener tu epifanía, eso es exactamente el valor útil de las personas que a pesar de su condición hacen grandes cosas.
Lo que es cruel y odioso es pretender que las demás personas con discapacidad tengamos que verlo así. Si agarramos a 10 personas que tengan el mismo diagnóstico que Maickel Melamed (retraso motor), lo peor que puede hacer alguien es creer que los 10 puedan o deban lograr hacer lo que hace él. ¡Pues no retrotonto! Esos 10 individuos no tienen porqué llegar a ser como Maickel Melamed. De esos 10, algunos se echarán a morir, otros se enfocarán en otras cosas que les resulten para vivir la vida, quizás hasta habrá alguno que supere las capacidades de Melamed.
Si agarramos a 10 personas que tengan el mismo diagnóstico que Maickel Melamed (retraso motor), lo peor que puede hacer alguien es creer que los 10 puedan o deban lograr hacer lo que hace él. 
Así que mi odio hacia Maickel Melamed es porque hay quienes lo toman de espejo para que, los otros con discapacidad, nos veamos reflejados y “logremos superarnos en la vida”, hasta en los casos en que nuestra condición es muy distinta a las de él. Ya de por sí nuestras limitaciones son tan deseables como pellizcarse el ombligo con un alicate; así que, no hagas eso retrotonto, no lo hagas. Es cruel, insensible y pesado querer empujarnos por un camino que no es el nuestro, pensar que podemos desarrollar capacidades que no somos capaces de afrontar; nos desarrollamos y sobrevivimos de formas muy diversas, a ritmos distintos; donde unos podrán superar hasta a quienes no tienen discapacidad alguna; otros no podremos llegar a la esquina, caeremos, nos recuperaremos o nos quedaremos en el sitio o hasta iremos de retroceso.
No todos desarrollamos las mismas limitaciones, pueden variar diametralmente entre una persona y otra.
Maickel Melamed, es un ejemplo para quienes no tienen una discapacidad. Para mi es solo un tipo que participa en maratones y, que yo sepa, nunca ha llegado en los primeros lugares y así que en mi silla de ruedas no me animo a hacer lo que él hace; yo me burlo de Maickel Melamed por no llegar de primero; pero es su vida, a mi me provoca hacer otras cosas. ¿Acaso me la paso animando a todos a ser astronautas? Yo considero que eso sí es un logro, así que cualquiera que camina debería ser astronauta... No, es broma, yo no soy retrotonto.

¿Qué debe hacer un retrotonto que tenga la tentación de animar a una persona con discapacidad?

Nunca uses el ejemplo de otros con discapacidad como pañuelo para enjugar nuestras lágrimas o para animarnos tipo “Yes you can!”, no, no y no. No, ni lo pienses retrotonto.
Intenta enterarte de nuestras capacidades físicas y mentales; la manera de ayudarnos a pulirlas y no dudes nunca cuando yo te diga: “yo no tengo la capacidad de hacer eso que me dices”. He terminado lastimado físicamente por algún retrotonto que cree que puedo hacer lo que le dije que no puedo hacer.

¿En qué cosas debes interesarte de una persona con discapacidad?

No te hagas una idea surgida de: “Yo tengo un primo que tenía lo mismo”. Más bien trata de entender su enfermedad personalizada, de dónde viene, cómo se desarrolló, qué limitaciones causa, qué limitaciones tiene “esa persona que conoces” con esa enfermedad (no todos desarrollamos las mismas limitaciones, pueden variar diametralmente entre una persona y otra), cómo hacer más cómoda su vida; puedes enterarte de todo consultando en Internet o con algún profesional o simplemente preguntándole a la persona con discapacidad. Y por el amor de Dios, no actúes como si supieras más de la enfermedad que la persona con discapacidad.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Entre recaídas

Han sido días de emociones encontradas. Por un lado, me he sentido tranquilo. He leído que cuando uno habla de su depresión, eso sirve para drenarse. Ciertamente me ha servido escribir sobre el tema —y no, no estoy curado—; debo ser cuidadoso con este período de calma, ya que mi depresión me da algunos días libres, donde me fluyen las ideas, aflora al creatividad, se me estimulan los sentidos, disfruto de los pequeños detalles, cumplo algunos deberes laborales, salgo a la calle para algo más que cumplir con ciertas diligencias, así que no debo abrigar falsas esperanzas de ya haberme librando de ese lío.
A ver, ¿qué cosas “disfruto” mientras no anda por ahí mi depresión? Evito cualquier cosa que remueva mis sentimientos, nada de películas románticas, ni tristes, ni aquellas que hablen de depresión; por favor, ya la autocompasión hace un trabajo excelente al respecto, digno de colgar su foto del empleado del mes; hasta evito esas cosas mientras me siento deprimido; tampoco tolero material alguno que contentan mensajes alentadores, es que me siento como cuando uno tienen mucha sed y el agua está a la vista en un sitio inalcanzable (cosa que me ha llegado a pasar por estar en una silla de ruedas); todo para mi debe ser humorístico, ciencia ficción, películas de acción, documentales, recetas, el sonido y olor de la lluvia, música clásica, matemática pura, qué se yo... y si ese material está escrito o hablado en acento español europeo mucho mejor, un español correcto, exacto, de oraciones bien construidas, un español preciso, yo hablo lo que llaman español latino y reconozco que es muy distinto y en ocasiones presenta carencias e inexactitudes que me resultan insoportables.
No tengo idea de cómo prepararme para el siguiente round, así que entre recaídas voy a mis anchas, esperando lo mejor. ¿Qué irresponsable verdad? A ver, intente decirle a alguien que lleva varios días sin comer, y ahora se encuentra frente a un banquete, que mastique 20 veces cada bocado antes de tragar porque le puede caer mal la comida. ¡No juegue! Entre recaídas, devoro lo que quiera devorar y punto.
Aun así, entre recaídas, siguen siendo para mi insoportables las conversaciones largas que no llevan a ninguna parte, a menos que se trate de temas que me retroalimenten. El contacto humano no se me da tampoco muy bien durante este período, es que es un tiempo de compartir más que todo conmigo mismo, mi depresión me hace demasiada compañía y me satura, no me deja respirar, no respeta mi espacio.

¿Qué cosas beneficiosas hago entre recaídas?

Duermo mejor, reafirmo decisiones de vida, me reconcilio con Dios, le paso un trapito a algunos proyectos, reflexiono y respiro hondo.

¿Qué hay de las emociones encontradas mencionadas al principio?

Por otra parte, sigue presente la ansiedad que me provoca el pensar en el futuro inmediato, es decir, la recaída inevitable.

jueves, 19 de noviembre de 2015

La parte física de mi depresión


Ando en silla de ruedas. ¿Esto ha contribuido a mi depresión? Definitivamente, pero lo comentaré más adelante. 
Primero, hablaré de la parte física: Mi enfermedad es congénita, por un tiempo podía estar de pie y caminar, pero a medida que avanzaba en edad terminé usando esta ayuda técnica. 
Estar sentado todo el día tiene sus consecuencias en mi cuerpo. Dolor todo el día en mis asentaderas, coxis, piernas, rodillas, tobillos, espalda, cuello, omoplatos, hombros, dolor la mayoría del tiempo soportable; otras, de vez en cuando se inflama el nervio ciático y eso de verdad duele, desde el dedo gordo del pie hasta los hombros (el nervio ciático no llega tan arriba, pero se siente dolor en todas partes al inflamarse). Al acostarme se alivia algo el dolor, pero luego de varias horas de sueño, el cuerpo duele nuevamente al estar en la misma posición.
Experimentar dolor cansa, así que todo el día me siento cansado; al dormir es frecuente que me despierte a cada rato por alguna molestia de estar en la misma posición, de modo que ando somnoliento todo el tiempo.
La falta de sueño adecuado y el cansancio trae como consecuencia que no tenga energía para realizar otras actividades que requieren concentración, trabajar o que ameriten algún esfuerzo físico como ordenar mi escritorio o alcanzar un objeto más arriba de mi cabeza. No hago ejercicios, sentirme cansado y experimentar dolor me desanima a seguir un programa de ejercicios, estoy seguro que si los hago el dolor se reducirá. Me siento demasiado cansado y adolorido para comenzar a hacer ejercicios, aunado a que mi enfermedad es degenerativa.
Tengo mucha sensibilidad, así que los golpes, las temperaturas altas (sobre todo el frío) o mi perro jugando mordiéndome los pies, lo siento insoportable, es dolor agudo, como si me fuera a morir de eso. 
Quizás no tenga que ver, pero todo el día siento un zumbido en los oídos, no es intenso, llega un momento que lo olvido, pero está allí todo el rato.
Sufro del estómago, así que debo tener mucho cuidado con lo que como, mi debilidad física impide que haga muchas cosas solo, me es imposible ir al baño sin ayuda, de modo que debo ser cuidadoso para que la persona que me asiste no tenga que andar bregando con eso más de lo que es normal en el día.
No me puedo bañar con la frecuencia que debería, requiere de esfuerzo físico y no es algo que la persona que me ayuda pueda acometer las veces necesarias, así que mi higiene me avergüenza; por más que intente mantenerme limpio, bajo estas condiciones no puedo hacer mucho; no me abandona la sensación de suciedad y mal olor, así que no me animo mucho a salir, ir a reuniones o interactuar con otras personas de forma directa (aunque me armo de valor a veces y hago como si no me importara). Vía Internet me siento más cómodo, pero en persona no dejo de pensar en mi mal olor.
Estar en silla de ruedas es sinónimo de estar limitado, el dolor físico me hace sentir cansado y somnoliento y mi mala higiene personal me aleja de otras personas y de actividades que requieren estar cerca de otras personas.
Esta falta de contacto humano es alimento para mi depresión.

¿Qué voy hacer?

Por supuesto, empezar a hacer ejercicios. Significa sudar y oler peor (tanto yo como la silla de ruedas). La sola idea me aterroriza, me llena de mayor vergüenza.
¿Por qué comenzar con hacer ejercicios? Eso aliviará mis dolores y contribuirá a un mejor descanso, de eso estoy seguro. Será una cadena de consecuencias: sentirme con energías es un estímulo para emprender otras actividades, leer, trabajar, terminar proyectos ya comenzados.
Seguro eso hará que no piense tanto en mi higiene personal y llegará un momento que será posible darle atención a ese punto de una forma que mejore y pueda asearme de forma más eficiente.
Luego de eso, no sentiré más aprehensión de salir e interactuar con otros, no pensaré en el olor.
Todo lo mencionado en el apartado de esta pregunta son los pasos lógicos a dar, seguiré deprimido pero tendré las energías y ánimo para decidir y dar los pasos para intentar salir de la depresión.

En conclusión

Tenía unas enormes ganas de hablar de la parte física de mi depresión; es que reflexionar en mi depresión, siempre me lleva a este punto: la silla de ruedas, sentir dolor, sentirme cansado, sucio, maloliente. En este momento me siento antisocial, poco comunicativo, de mal humor, mal vestido, hediondo y definitivamente nada atractivo.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Estoy deprimido

The Dark Hedges (camino ubicado en Irlanda del Norte)

Estoy deprimido. Para muchos es difícil decirlo, es admitir una condición que quizás uno mismo no entiende, no acepte o crea que nadie va a entender; hasta es posible que pensemos que no debemos sentirnos así... bueno, por muchas vueltas que le doy, no encuentro motivos para sentirme deprimido, pero lo estoy... estoy deprimido, es eso, ¿qué más puede ser? El día que me di cuenta y lo admití, no me hizo sentir con más ánimo, solo fue revelador saber qué estaba pasándome, qué está pasándome mejor dicho, no se ha ido, ¿qué cosa no se ha ido? No se ha ido esto que me está pasando, es que pensaba que deprimirse era sentirse sumamente triste, pero esto está dando pasos en una dirección distinta.
No se si llamarlo sentimiento, sentimiento es llorar de alegría o tristeza, reírse de felicidad; sentirse decepcionado es un sentimiento también; pero esta decepción estando deprimido es distinta a la decepción por alguna situación fuera de mi control y que no resultó como esperaba, o por algo que haga una persona que me afecte; pues no, mi decepción por depresión es contra mi mismo, es autodecepción, una cosa que me bloquea; eso es, me decepciona que mi depresión me esté bloqueando la vida, no me permite darle uso a mi proceso de pensamiento, ese que me lleva a actuar, desvaloriza mis metas (no tengo grandes metas, es más mi depresión me quita las metas), anula mis gustos, mis deseos... nada tiene suficiente valor, no me interesan las cosas que antes me interesaban.
Autodecepción de saber que hay cosas útiles que soy capaz de hacer pero que no me resultan lo suficientemente valiosas, que valgan el esfuerzo... autodecepción de que no valoro lo que soy y ni siquiera tengo algo más para valorar que justifique esa desvaloración de mi mismo.
Es un gran peso estar deprimido, el peso de no poder decírselo a algunas personas, ya que sabes que esas personas no sabrán administrar su preocupación válida por mi; que estarán preguntando a cada rato cómo me siento o se sentirán culpables por no saber qué hacer, así que mejor llevar el peso de fingir, que no se den cuenta, cosa que cansa, pero será peor si se enteran... así que entre el peso y el fastidio, me quedo con el peso.
Otro peso es obligarse a preservar la vida, yo no quiero vivir, estoy deprimido pero no soy soy egoísta, pienso en cómo se sentirán los demás si muero; así que morir me soluciona la depresión pero perturbo a otros y eso no quiero; a un deprimido muerto no se le ve como alguien que ya descansó de su sufrimiento (o cómo sea que se llame ese pseudo sentimiento); a un deprimido muerto se le ve así: "¿Por qué no me di cuenta?" "¿Por qué no lo ayudé?" "¿Seguro yo tuve algo que ver?"... un deprimido muerto corre el riesgo de contagiar su depresión a otro... yo por lo menos no quiero eso, morir si, pero no hacer que otros se sientan como yo me siento... tuve un amigo que se suicidó, ¿lo que hizo me contagió? Fue mi primer contacto con la depresión (alguien con depresión), así que ha influido en mi propia depresión.
Mi depresión, sí me permite hacer algunas cosas, tengo la capacidad de reconocer que estoy deprimido, no solo para mi mismo, se lo digo a otras personas que se entenderán o aceptarán sin hacer mayores comentarios o son capaces de tolerarme. 
Es por ello que aprovechando un pequeño claro dentro de este bosque tupido que es ahora mi vida, mi depresión me ha permitido redactar este post.

Propósito de este blog

No pienso escribir en este blog con el propósito de salir de mi depresión, no es un blog para autoayuda (yo no se si se me pasará); tampoco es para ayudar a otros, no es un blog motivacional (no tengo ganas ni siento estar en capacidad de ayudar a otros). Hago este blog simplemente porque puedo hacerlo, tengo la capacidad mental para escribir y no tengo problema en que lectores desconocidos sepan sobre mi depresión.
Seguramente leeré y releeré este post y estaré modificando frases, colocando nuevos pensamientos o quitando cosas que son innecesarias.

No trates de ayudarme o animarme, no es agradable

Dejaré los comentarios abiertos para quienes quieran preguntar sobre mi depresión, no me molesta responder preguntas. Pero no me agradará si alguno escribe palabras de aliento o solidaridad; de verdad, si alguno quiere expresar su propia experiencia eso está bien, pero si pretenden ayudarme me va a fastidiar, no lo hagan. Recalco: ¿Quieres hablar de tu depresión o preguntar sobre mi depresión? ¡Perfecto! ¿Quieres ayudarme o animarme? Prefiero caer en las drogas y el alcohol.